La educación de la madre y su reflejo en el éxito o fracaso de los hijos

Posted by Real Happiness on domingo, agosto 22, 2010
La madre, además de sus obligaciones como cónyuge, tiene también la dedicación como institutriz, tutora, enfermera, nutricionista, chef, administradora económica, profesora doméstica, consejera sentimental, policía familiar, etc. Construye, más amores sólidos con los hijos y más sólidos los amores. No busca lo extraordinario, sino hace extraordinario lo ordinario. Actúa en el presente, para cambiar el futuro. Asume la realidad que le toca vivir, pero siempre está dispuesta a seguir luchando para mejorarla. Ayuda a lograr un amor con una base sólida, con puntos muy buenos, como el lograr sacar provecho de los conflictos y capitalizarlos. 

Cuanto más educada esté una madre, mas probabilidades de futuro éxito tienen sus hijos y por sentido contrario, cuanto menos educada esté la madre, más probabilidades de fracaso tienen los hijos. Los hijos que sobresalen, en cualquier ambiente, pobre o rico, son los que tienen una madre bien educada, que ha transmitido con su ejemplo y con buenas lecciones didácticas, lo que sabían, sentían y aprendían. 

La madre tiene que tener bien presente, que ante el desgraciado número de divorcios, cada día en aumento, tendrá que prever la posibilidad de que le ocurra a ella y de las soluciones que tiene para poder seguir, con el mantenimiento y educación de los hijos, que probablemente se quedarán con ella. Por lo tanto, tendrá que prepararse económica, profesional y socialmente, para disminuir el gran choque que supone esa nueva situación. 

La madre junto al padre, forman una unidad de destino y ambos, tienen iguales funciones, innegociables e irrenunciables, en sus obligaciones de educar a sus hijos. Podrán ceder la tarea de educar a sus hijos, pero nunca podrán ceder la responsabilidad de hacerlo. Pueden tener diferencias muy significativas en la forma, pero no en el fondo, sobre la educación de los hijos. Esas diferencias tienen que ser complementarias, pero que nunca les eximan de sus principales obligaciones. Algunas veces tendrá que actuar, como el policía bueno y el policía malo, pero siempre de común acuerdo entre ellos y en beneficio de sus hijos. 

La madre no tiene que ser tan perfeccionista, que avinagre la existencia de los hijos, por sus continuas reprimendas ante cualquier caso, por muy pequeño que sea. Debe tener el difícil criterio de saber estirar y soltar, como en la pesca de la trucha, hasta conseguir los objetivos, que como madre se haya propuesto. Tienen en sus genes la educación innata, para la crianza y para enseñar a sus hijos desde que nacen, a abrirse paso en la vida inculcándoles las virtudes y valores humanos, que la madre conozca y practique. 

La madre debe aprovechar cada fallo de los hijos, como ejemplo para conseguir dar un paso hacia la perfección de ellos. Es más importante aprovechar el fallo de los hijos, para intentar su mejora, que para ponerles un castigo que algunas veces, no lleva a que se den cuenta de las alternativas de superación que podrían obtener con ese fallo. Tiene que ser realista y que lo importante no es mediar las veces que los hijos se caen, sino las veces que ella ha contribuido, a que se levanten. Las madres tienen que poner el listón de la educación, en lo más alto posible, para que los hijos traten de alcanzarlo. Si ponen bajas las expectativas de éxito en la educación religiosa, escolar, familiar y social, desgraciadamente es casi seguro, que se cumplirán, aunque hubieran podido llegar mucho más lejos si se lo hubieran propuesto, y les hubieran guiado por el buen camino de la disciplina y la responsabilidad. 

74 Virtudes y valores humanos que la madre debe aprender, practicar y enseñar a los hijos, con independencia de las que, como cónyuge, le correspondan: 

Abnegación. Alegría. Amabilidad. Amistad. Amor. Autodisciplina. Bondad. Diligencia. Disciplina. Carácter. Coherencia. Comprensión. Confianza. Conocimiento. Constancia. Control. Conversación. Coraje. Cordialidad. Dar. Desprendimiento. Dialogo. Discreción Educación. Ejemplo. Entrega. Entusiasmo. Escuchar. Esfuerzo. Espíritu crítico. Fe. Fidelidad. Formación. Fortaleza Generosidad. Honestidad. Humildad. Humor. Justicia Liderazgo. Madurez. Obediencia. Objeción de conciencia. Optimismo. Oración. Orden. Paciencia. Paz. Perdón. Perfección. Perseverancia. Piedad. Plan de vida. Prudencia. Pudor. Puntualidad. Rectitud. Reflexión. Religiosidad. Respeto. Responsabilidad. Sacrificio Serenidad. Sinceridad. Solidaridad. Servicio. Templanza. Ternura. Tiempo. Tolerancia. Trabajo. Verdad. Vergüenza. Voluntad. Etc. 

Los hijos no heredan de la madre solamente sus rasgos genéticos, sino también una gran parte de la buena o mala educación que tiene ella. Me refiero a la educación como conjunto de formación académica, religiosa, de virtudes y valores, familiar, social, artística, etc. La madre representa las raíces familiares y hace que todo el entramado del árbol familiar, tenga sus sustentos en esas raíces. Por eso dejan una impronta imborrable en la educación de los hijos, que se va consolidando a medida que van pasando los años, donde la madre ejerce su función insustituible de educar a los hijos. Pasan los años y se siguen acordando de la mayoría de las cosas que les dijo su madre. El espíritu y la educación de la madre dominan en los hijos, principalmente hasta la adolescencia, creando los cimientos necesarios, para la vida que va a tener que llevar. A partir de la adolescencia la figura del padre, de ordinario más razonable y menos instintiva, empieza a afianzarse en los conceptos educativos, realizados por la madre.

Es fundamental que la madre esté perfectamente equilibrada, en los campos espiritual, físico y mental, para que su educación y la que proyecte, sea la más provechosa para sus hijos. Si nota o le notan algún fallo en estos equilibrios, por el buen fin de sus hijos, tienen que poner los medios para corregirse o que se los corrijan.

Según todos los estudios multidisciplinarios internacionales, está perfectamente demostrado hasta la saciedad, la gran influencia positiva, que tienen las madres en el éxito o fracaso de los hijos. El éxito moral, económico y profesional de los hijos, depende principalmente de la educación de las madres. Desgraciadamente, muchos padres solamente se dedican a proveer de medios económicos a la familia, (cosa muy importante e imprescindible) pero son las madres, las que transmiten a los hijos la educación. Los padres tienen otras funciones muy importantes, que complementan y equilibran las relaciones familiares. Entre otras practicar el ejercicio de poner límites y asegurar, que la educación que transmite la madre, sea puesta en práctica.

Es muy importante que las madres tomen conciencia del papel tan vital, que juegan en la vida de sus hijos, para que a su vez se cuiden y se mantengan bien espiritual, física y sicológicamente. Han sido, son y serán siempre, las multiplicadoras de la felicidad y del bienestar de los hijos. Una madre estable, educa hijos estables. 

3 Conceptos principales en la educación de las madres: 

Espiritual: La madre en la educación religiosa y formación de costumbres, desde la cuna, es su principal inculcadora en los hijos. Cuando les reza una oración sencilla al levantarles, acostarles, darles de comer, salir de la casa, etc. pues ellos la van memorizando y así cuando empiezan a balbucear, vayan formando sus palabras. E introduciéndoles, poco a poco las virtudes y valores humanos, para que se conviertan en costumbres, posteriormente en hábitos y finalmente, pasen a ser una parte importante del quehacer diario de los hijos. 

Físico: Cuidar su propia salud, su aspecto físico y alimentación, mirando bien los conceptos nutricionales, para poderlos utilizar con sus hijos en las prácticas alimentarias y en el mantenimiento de su salud, para que vayan cogiendo el habito de las buenas costumbres alimenticias, incluyendo el disfrute de los buenos alimentos. 

Mental: Buscar un buen equilibrio mental, para que se pueda reflejar en los hijos, evitando las alteraciones y posiciones fuera de control emocional, porque los hijos absorben todo y aprenden inmediatamente lo que ven y sienten, reflejándolo posteriormente en su comportamiento externo. Una madre sana mentalmente, va a promover también la salud mental en sus hijos y el amor incondicional, lo que les permitirá enfrentar la vida con fortaleza. 

La madre es el comienzo del maravilloso milagro de la vida. También tiene que ser la fuente de las virtudes y valores humanos, que alimente esa vida. Para poder hacerlo, tiene que estar llena esa fuente, de lo que los hijos necesitan para desarrollarse y triunfar. 

Las madres no tienen preferencia por determinados hijos. Tratan a todos por igual, aunque algunas veces parezca que por su trato diferente, ofrecen alguna diferencia a favor de determinado o determinados hijos. Suele interpretarse como diferencia de trato, lo que en realidad es adaptar su dedicación, en función de las necesidades o características especiales de cada hijo. No ponen la misma cantidad de comida a todos los hijos, la ponen en función de sus necesidades físicas. 

Está demostrado que las familias monoparentales, dirigidas por la madre, son las que mejor sacan adelante a los hijos. La madre, en su caso, se encarga de educar y si fuera necesario, comparte el trabajo fuera de la casa con el familiar. En la mayoría de los casos en los que el padre es el cabeza de la familia monoparental, suele ser un desastre familiar y los hijos, tienen muchas menos probabilidades de éxito en la vida.

Hoy encontramos a muchos padres, ejerciendo funciones reservadas hasta hace poco, solo a las madres. Actualmente, algunos padres son los que dan la comida, cambian pañales, van al colegio y al médico, leen cuentos y están pendientes a toda hora de sus hijos. Esto está bien, siempre y cuando el niño no termine con dos ‘mamás’ y sin nadie que ejerza la labor de padre. Los cónyuges, con funciones diferentes, son los que mejor crían a los hijos, puesto que esto les da más equilibrio a los niños y facilita el papel que juega cada padre. Es también importante para los hijos, saber qué esperar de cada uno, pues les tranquiliza.

La madre siempre da lo mejor de sí. Lo hace con gran amor y entrega, sin contar las horas, el esfuerzo, ni esperar nada a cambio. De ahí viene la frase: “Madre no hay más que una”. También hay la contra frase de los hijos: “Madre no hay más que una, porque si hubieses dos, no hay quien aguante” Pero al final, es siempre como broma. Realmente la madre quiere de una forma especial. De ahí que su ausencia en la crianza de los hijos, sea tan dolorosa.

Es muy importante que las madres, tomen conciencia del papel tan vital, que juegan en la vida de sus hijos, para que a su vez se cuiden y se mantengan bien física y sicológicamente. Recordemos que las madres, serán siempre las multiplicadoras de la felicidad y del bienestar. Una madre estable, educa hijos estables. Si las madres avanzan, por el camino de los valores, los hijos reflejarán sus enseñanzas y a su vez, serán buenos miembros de la sociedad.

La madre en la educación religiosa. Esa maravillosa costumbre de agradecer, por lo que recibimos, se mantendrá toda la vida y se practica en todas las religiones. Así se adquieren las virtudes y valores humanos, a los que desde niños se van acostumbrando y posteriormente perduran. También los hijos enseñan a rezar a las madres, cuando les recuerdan que no lo han hecho. Incluso ayudan a las madres a practicar las virtudes y valores humanos, principalmente la paciencia, la constancia, las cuales al verlas en la madre, junto a la austeridad, marcan las bases de su carácter futuro. 

La madre en la educación preescolar, va enseñando mientras juegan, lo que marca una gran diferencia para los niños, que se traduce en un mejor rendimiento escolar, en la futura educación y a lo largo de su vida intelectual. No es necesario que la madre sea una intelectual, ni con gran preparación académica, lo importante es que inculquen lo básico en cada edad y sobre todo, la atención que les presta. La maternidad da un sentido especial a las madres, para actuar en cada momento. Solo tienen que escucharlo. 

La madre educa en la nutrición familiar, pues debe de formarse e informarse muy bien, sobre los alimentos que prepara y organiza, incluso transmitiéndolo a los hijos, pues una buena alimentación, ayuda a los hijos a crecer más y más fuertes. Sin embargo, comer bien, no sólo favorece el desarrollo físico, pues en el equilibrio de los nutrientes esenciales que asimila nuestro organismo, también están los que contribuyen al desarrollo intelectual y emocional. Así se consigue una familia sana y un mejor rendimiento escolar y profesional, de toda la familia. El desconocimiento en torno a la nutrición es un grave riesgo y en muchas ocasiones, aunque sepan de la existencia de determinados alimentos, forma de prepararlos y puedan adquirirlos, si ignoran los beneficios que éstos tienen, sobre el crecimiento físico e intelectual de los hijos, están creando un problema futuro. 

La madre educa en la economía familiar, desde que los hijos están en la cuna, aunque los medios sean muy limitados, utilizando su formación, entrega, interés y sentido materno. 

22 Situaciones en las que las madres son criticadas por sus hijos, aunque las hagan en beneficio de ellos: 

Cuando se empeñan en conocer a los familiares de la casa, donde sus hijos van a visitar, a pasar la noche, o el fin de semana.

Cuando ponen reglas a los hijos y les preguntan a dónde van a ir, con quién van a estar y a qué hora regresarán.

Cuando hacen saber a los hijos, que determinados amigos, no son buenas compañías.

Cuando investigan en el Internet y en el teléfono, las páginas y personas que visitan o con las que mantienen relaciones.

Cuando trasgrediendo un mal entendido derecho de privacidad de los hijos, revisan sus habitaciones, mochilas y ropas, en busca de cosas delatoras de actividades no permitidas y peligrosas para ellos.

Cuando no permiten llevar determinadas ropas, tatuajes y perforaciones, que atentan contra los valores morales y de salud, enseñados en la familia.

Cuando cuestionan la procedencia de dinero, ropas u objetos que poseen los hijos.

Cuando limitan los programas y tiempos, para ver la televisión y la permanencia en las pantallas electrónicas, sin supervisión.

Cuando hacen volver a la tienda a pagar los objetos, golosinas o revistas, que los hijos han sustraído y les obliga a que reconozcan, públicamente, su mala acción para que no reincidan.

Cuando se pasan dos horas de pies, presenciando como los hijos arreglan su habitación, aunque esa tarea la podía haber hecho ella, en quince minutos.

Cuando lloran decepcionadas de la conducta, por las cosas que hacen mal los hijos. 

Cuando permiten que los hijos asuman las responsabilidades de sus acciones, aunque las penalidades, sean tan duras, que les parten el corazón.

Cuando dicen que no a los hijos, aun a sabiendas que los hijos no le comprenderán y le odiarán por no haberles complacido.

Cuando ganan las batallas en beneficios de los hijos, que al final son las mismas batallas que les beneficiarán a ellos.

Cuando ponen para almorzar carne, pescado, legumbres, arroz, verduras, huevos, frutas, cereales etc. y para beber agua. Pero otros amigos comen con más frecuencia, de lo conveniente para la salud, “comida chatarra” pizza, hamburguesas, patatas fritas, golosinas, helados, etc. y para beber coca-cola.

Cuando quieren conocer a los amigos de los hijos, y qué hacen en los ratos en que están juntos, exigiendo que siempre digan la verdad, porque la madre sabe leer el pensamiento.

Cuando piden a los hijos que traigan a sus amigos a casa, para conocerlos.

Cuando no dan permiso para salir por la noche, hasta que demuestren su responsabilidad en horarios, comportamiento, amistades y dominio de las cosas peligrosas.

Cuando se levantan por la noche, a la llegada de los hijos, para saber si la fiesta había estado bien y para conocer el estado físico de los hijos.

Cuando impide que los hijos adolescentes, cometan experiencias desagradables, que puedan estar relacionadas con las drogas, alcohol, robos, vandalismo, sexo, etc.

Cuando no concede permisos, para ciertas cosas perjudiciales, porque las madres saben que lo hacen en beneficio presente y futuro de los hijos.

Cuando no les da el mismo dinero y cosas materiales, que a los compañeros de sus hijos, porque saben que no les conviene tenerlo, puedan o no dárselo. 

Corregir a los hijos, aplicando las virtudes y valores humanos

Posted by Real Happiness on domingo, agosto 22, 2010
La mejor forma de no tener que corregir a los hijos es enseñarles a hacer bien las cosas, siguiendo muy de cerca sus actividades y el desarrollo de su personalidad. Qué bonito sería no tener que corregir nunca a los hijos, porque son perfectos porque han sido bien educados, corregidos y guiados por sus propios padres. ¡Pero tener hijos perfectos es imposible!

A los árboles para que crezcan derechos y no se tuerzan les ponen tutores. Lo mismo ocurre con los hijos cuando además de la educación que reciben de sus padres se les añade un tutor de vida que les refuerce esa educación. No siempre tienen los padres la mejor capacidad, actitud o conocimientos para educar a los hijos en algunos conceptos necesarios para su desarrollo, y por eso necesitan recurrir a que un tutor de vida les fortalezca o intensifique esa educación. El mejor sitio para encontrar tutores de vida, muy bien preparados en la educación de los jóvenes en las virtudes y valores humanos, es entre los sacerdotes, pastores, rabinos o imanes. Separo la tutoría de vida, de la tutoría en áreas especializadas, como son las matemáticas, ciencias, deportes, etc.

Cuando haya que corregir a los hijos deberá tenerse muy en cuenta la educación que han recibido, sus edades físicas y mentales, sus comportamientos y actitudes con la familia, escuela y amistades, sus capacidades intelectuales y físicas, objetivos previstos y realizados, etc.

Toda corrección proviene de una acción u omisión que se ha podido producir queriendo o sin querer. Es obligación de los padres examinar con mucho cuidadazo la acción o la omisión para que la corrección esté en la misma línea de tamaño, intensidad y valor. No se debe matar una pulga con un cañón, ni un elefante con la mano.

10 Condiciones indispensables para corregir bien.

1.Ayudar a quitar los defectos que originaron la falta y alabar las virtudes de la persona.
2.Demostrar una gran sensibilidad, teniendo en cuenta de aplicar en las correcciones las máximas virtudes y valores humanos posibles.
3.Escoger el momento y las circunstancias más adecuadas, tanto para el que corrige como para el corregido.
4.Escuchar muy atentamente las disculpas, atenuantes, soluciones, propósitos y planes que dicen los hijos.
5.Fijarse más en los hechos y en las consecuencias presentes y futuras que en las normas contravenidas.
6.Intentar que la corrección sea en privado, a poder ser presidida por la distensión, el amor y la mutua sinceridad.
7.No sacar a relucir secretos o confidencias anteriores contadas bajo reserva, ni herir en los defectos personales.
8.Poner énfasis en lo principal, quitando lo superfluo, limando asperezas y mejorando los detalles.
9.Ponerse en el lugar y circunstancias de de la persona que va a ser corregida.
10.Que sea concreta, corta, clara, sin gritos, amenazas, descalificaciones personales, ni recordatorios repetidos de faltas anteriores.

Corregir a los hijos no es una tarea fácil, y para que los padres puedan hacerlo con pleno derecho, tienen que estar dando un buen ejemplo de conducta y tener una buena formación en las virtudes y valores humanos, pues los hijos necesitan ser amados, estimados, respetados, valorados, admirados y ensenados. Por lo tanto los padres tienen que estar bien capacitados para reconocer lo bueno y lo malo que han hecho sus hijos.

Al sembrar amor y palabras amables, el ambiente cambia rápidamente a nuestro alrededor, pues a cada sonrisa se responde siempre con otra parecida, ya que toda corrección debe provenir de una acción que haya sido hecha en sentido contrario. La verdadera labor de los padres cuando corrigen tiene que ser muy creativa, es como descubrir lo que será una fina escultura dentro de un bloque de mármol. Es tarea de los padres quitar lo que sobra, Sonríe y te sonreirán, critica y te criticarán, ayuda y te ayudarán, odia y serás odiado, ama y serás amado.

40 Formas de corregir para obtener buenos resultados.

1.Corregir a tiempo, teniendo bien presentes todas las circunstancias ocurridas, sin esperar a que se haya olvidado lo que va a ser corregido, o que la lejanía le quite importancia.
2.Corregir comprendiendo las características de cada persona, y sus posibilidades de haber evitado los errores, así como las situaciones en las que se produjo el error.
3.Corregir con amabilidad, evitando las situaciones extremas de brusquedad, despotismo o prepotencia. 
4.Corregir con amor, cariño y esmero, evitando la soberbia, el odio y el desprecio hacia la persona corregida.
5.Corregir con caridad, sin hacer sangre ni hurgar en las heridas producidas por los errores que hayan cometido. Más se consigue corrigiendo con caridad que con dureza e intolerancia 6.Corregir con coherencia, en función de la importancia de los hechos presentes, pasados y previstos para el futuro.
7.Corregir con compasión, teniendo en cuenta que nadie es perfecto y que ha podido haber un mal momento imprevisto, además del grado de dificultad o de facilidad para haber cometido los errores.
8.Corregir con conciencia de lo que se hace, sabiendo lo que puede suponer esa corrección para la persona que ha cometido el error. Sin poner agresividad ni abuso, ni en la forma ni en el fondo de la corrección.
9.Corregir con confianza, dando un sentido de familiaridad y amistad para conseguir que el que haya cometido el error pueda sentir la tranquilidad suficiente para abrir su mente y poder aceptar lo que se le dice.
10.Corregir con conocimiento, de los hechos y de las soluciones propuestas, documentándose bien con evidencias del error cometido, ofreciendo soluciones en función de experiencias obtenidas, sin improvisar.
11.Corregir con constancia, sin que haya días que se aceptan los errores y otros días que no se aceptan.
12.Corregir con control de lo que se dice, sin peder la calma, sin decir cosas desagradables que posteriormente haya que arrepentirse por haber perdido el dominio mental. “Somos esclavos de nuestras palabras y dueños de nuestros silencios”
13.Corregir con cordialidad, con la misma que nos gustaría que nos corrigieran a nosotros. Cordialmente se pueden decir muchas cosas, muy concretas y fuertes. La cordialidad abre más y mejor la mente para escuchar, que la brusquedad.
14.Corregir con cortesía, respeto y buena educación. Las correcciones se entienden mejor cuando son dichas cortésmente, evitando las torpezas, rudezas, groserías e insolencias.
15.Corregir con criterio y razonamiento, sabiendo distinguir todos los conceptos que originaron los errores y aplicando la corrección en función de las circunstancias, personales, sociales y educacionales. Evitando la insensatez, la ligereza y la irracionalidad.
16.Corregir con decisión, de forma resoluta, determinada y con energía, evitando la cobardía, aplazamientos y desinterés para hacer las correcciones pertinentes.
17.Corregir con dignidad, nobleza, decoro, sobriedad y honradez, evitando la humillación, el deshonor y las bajezas.
18.Corregir con disciplina, método y orden, según las normas establecidas o de uso común, pero sin sometimiento, dureza, intolerancia, rigidez ni intransigencia.
19.Corregir con discreción, intentando que nadie más se entere, a no ser que tenga que corregirse públicamente para beneficio del colectivo familiar o social. Como principio básico, las correcciones deben hacerse en privado y los halagos o felicitaciones en público.
20.Corregir con el ejemplo, esta es la que mejores resultados da, principalmente cuando son los padres los que corrigen y hacen de espejo con lo que dicen, pues sobran muchos argumentos y explicaciones. Con mal ejemplo no se puede corregir.
21.Corregir con fidelidad a los compromisos adquiridos previamente sobre lo que está bien o mal hecho, teniendo muy en cuenta la lealtad mantenida con las personas, sin traicionar las relaciones anteriores.
22.Corregir con fraternidad, teniendo en cuenta que todos somos hermanos y que tenemos que amarnos los unos a los otros, evitando que la corrección se convierta en enemistad.
23.Corregir con generosidad, demostrada con grandeza de espíritu y de forma esplendida y con magnanimidad, evitando el egoísmo.
24.Corregir con honestidad, lealtad y rectitud. Sin dejarse nada escondido, ni de lo bueno ni de lo malo de lo que pudiera modificar la corrección.
25.Corregir con humildad, modestia y sencillez, sin sentirse superior por tener la oportunidad, el derecho o la obligación de hacerlo, para no provocar sumisión, humillación, ni servilismo.
26.Corregir con justicia, ecuanimidad e imparcialidad, teniendo en cuenta siempre el tamaño de la corrección con el de la falta, evitando la arbitrariedad, el abuso y los caprichos. 
27.Corregir con moderación, sensatez, discreción y prudencia, tanto en la cantidad como en la importancia, evitando el abuso y la indiscreción.
28.Corregir con objetivos bien claros, justos, adecuados a la falta y ecuánimes, evitando que sean apasionados, parciales, unilaterales o deshonestos.
29.Corregir con paciencia, tesón, caridad y equilibrio entre la importancia y la cantidad de la falta cometida, las características de la persona que la ha cometido y las repercusiones que pueden ocurrir en el futuro, evitando originar tensión, ira o enojo.
30.Corregir con prudencia, sabiendo cuándo, cómo y dónde debe hacerse la corrección para que tenga el mayor efecto positivo posible. 
31.Corregir con respeto y consideración, máxime cuando la persona que ha cometido la falta tenga grandes discrepancias o divergencias personales, que pudieran hacerle sentirse mal justificadamente al ser corregido, evitando el descaro, la osadía, la descortesía y el insulto.
32.Corregir con responsabilidad, sensatez y prudencia, sabiendo lo que se dice y lo que se hace. Haciéndose solidario con las consecuencias de la corrección realizada.
33.Corregir con sabiduría e inteligencia, soportada por una previa experiencia, información o estudio sobre la materia corregida.
34.Corregir cooperando en las soluciones, al no proponer procedimientos irrealizables y en los que el corrector no pueda cooperar directa o indirectamente.
35.Corregir en privado, pues casi siempre funciona mejor, a no ser que convenga o sea necesario divulgar la corrección, pero las alabanzas deben ser públicas.
36.Corregir escuchando y atendiendo al corregido sin perder ni ripio, pues es fundamental entender el error producido, antes de manifestar la reprimenda, los consejos y las soluciones.37.Corregir para ayudar a mejorar en la conducta, buscando el arrepentimiento y el propósito de la enmienda. Este es uno de los principales motivos de la corrección. 
38.Corregir por el bien común de la familia, de los amigos y de la sociedad, para evitar que el error o daño pueda volver a producirse y perjudique a terceros.39.Corregir sin discriminación por la edad, sexo, raza, situación económica o de dependencia, parentesco o afinidad.
40.Corregir sin herir, evitando que queden cicatrices tanto del error como de la corrección. Intentando que el corregido encuentre la paz después de reconocer sus errores y una mayor aceptación de la persona que le ha corregido.

Derecho a ser feliz

Posted by Real Happiness on domingo, agosto 22, 2010

Creer que los seres humanos alcanzamos la felicidad acumulando dinero o coleccionando mujeres (u hombres) como si fueran trofeos de caza es un grave error antropológico
 
Derecho a ser feliz
Derecho a ser feliz
"Yo tengo derecho a ser feliz" me decía ayer un amigo al anunciarme su propósito de abandonar a su mujer y a sus hijas para formar una nueva familia con otra mujer. Me impresionaba que una persona adulta e inteligente estuviera decidida a echar por la borda quince años de vida familiar arguyendo que la felicidad es un derecho como los de la Declaración universal de derechos humanos.

No es fácil aclararse sobre a qué llamamos felicidad. Algunos creen que es un estado de ánimo, y pretenden encontrarla en la euforia de la borrachera o de la droga o en los libros de autoayuda. Para otros, es la satisfacción de todos los deseos y, como están insatisfechos, se sienten casi siempre tristes. De hecho, lo que está más en boga es la identificación de la felicidad con el sentirse querido, con el estar enamorado. Quizá por ese motivo vuelan por los aires tantos vínculos matrimoniales, esclerotizados por la erosión del tiempo, el aburrimiento mutuo o el desamor infiel.

Ya Aristóteles, hace más de dos mil trescientos años, advirtió que la felicidad no era algo que pudiera buscarse directamente, esto es, algo que se lograra simplemente porque uno se lo propusiera como objetivo. Como todos hemos podido comprobar en alguna ocasión, quienes ponen como primer objetivo de su vida la consecución de la felicidad son de ordinario unos desgraciados. La felicidad es más bien como un regalo colateral del que sólo disfrutan quienes ponen el centro de su vida fuera de sí. En contraste, los egoístas, los que sólo piensan en sí mismos y en su satisfacción personal, son siempre unos infelices, pues hasta los placeres más sencillos se les escapan como el humo.

Me gusta pensar que, en vez de un derecho, la felicidad es un deber. Los seres humanos hemos de poner todos los medios a nuestro alcance para hacer felices a los demás; al empeñar nuestra vida en esa tarea seremos nosotros también felices, aunque quizá sólo nos demos cuenta de ello muy de tarde en tarde. Viene a mi memoria un programa religioso para jóvenes en la televisión española de los sesenta que tenía como lema: "Siempre alegres para hacer felices a los demás". ¡Cuánta sabiduría antropológica encerrada en una fórmula tan sencilla!

Creer que los seres humanos alcanzamos la felicidad acumulando dinero o coleccionando mujeres (u hombres) como si fueran trofeos de caza es un grave error antropológico. El secreto más oculto de la cultura contemporánea es que los seres humanos sólo somos verdaderamente felices dándonos a los demás. Sabemos mucho de tecnología, de economía, del calentamiento global, pero la imagen que sistemáticamente se refleja en los medios de comunicación muestra que sabemos bien poco de lo que realmente hace feliz al ser humano.

La felicidad no está en la huida con la persona amada a una paradisíaca playa de una maravillosa isla del Caribe, abandonando las obligaciones cotidianas que, por supuesto, en ocasiones pueden hacerse muy pesadas. La felicidad no puede basarse en la injusticia, en el olvido de los compromisos personales, familiares y laborales, tal como hacen algunos de los personajes de Paul Auster que cada diez años huyen para comenzar una nueva vida desde cero. La felicidad —respondí a mi amigo con afecto— no es un derecho, sino que es más bien resultado del cumplimiento —gustoso o dificultoso— del deber y aparece siempre en nuestras vidas como un regalo del todo inmerecido, como un premio a la entrega personal a los demás, en primer lugar, al cónyuge y a los hijos.

Felicidad

Posted by Real Happiness on domingo, agosto 22, 2010
01 Ago 2010
El dinero hace la felicidad, o lo contrario, o dinero y felicidad no tienen nada que ver; nadie sabe responder esta importante cuestión con seguridad. Si ponen en Google el dinero hace la felicidad, sin comillas, tendrán algo más de un millón de entradas, muchas ellas con el sí y otras tantas con el no intercalado entre dinero y hace. En fin, que no hay consenso. Y este asunto nos deja una bonita interrogante que da para un buen estudio científico. Algo así debieron de pensar Christopher Boyce y sus colegas, de la Universidad de Warwick, en Inglaterra, cuando planearon encontrar una respuesta a esta pregunta desde el campo de la psicología. Se centraron en los ingresos, sobre todo el sueldo, de las personas en relación con su percepción de su satisfacción vital, de ser felices o no.
Boyce y su equipo no entendían porque los habitantes del primer mundo no son ahora mucho más felices que hace cuarenta años si, como es obvio, en ese tiempo cada persona gana más a causa del fuerte desarrollo económico. Por ello se basaron en el sueldo, fácil de conocer y cuantificar. Trabajaron con los datos de 12000 británicos adultos, desde 1997 a 2004, de los que conocían sus ingresos y su grado de satisfacción vital.
Bien, pues en primer lugar, la gente no es feliz con lo que gana, sin más, si no con lo que gana cuando se compara con los demás. Es decir, para ser feliz no hay que ganar mucho, simplemente hay que ganar más que los demás con los que nos relacionamos. Y esto se da en todas las regiones de donde proceden los 12000 británicos que estamos estudiando, y no influye el sexo, la edad o el nivel de educación.
En resumen, según Boyce y sus colaboradores, el dinero hace la felicidad, en primer lugar, si ganamos más que los demás; en segundo lugar, interesa la cantidad total que ganamos, y a más dinero, más satisfacción vital; y, en tercer lugar, si nuestro dinero supera a la media del grupo social en el que vivimos.
*Boyce, C.J., G.D.A. Brown & S.C. Moore. 2010. Money and happiness: rank of income, not income, affects life satisfaction. Psychological Science 21: 471-475.

FELICIDAD/BIENESTAR

Posted by Real Happiness on domingo, agosto 22, 2010

Definir el concepto de felicidad es tarea ardua. Seguramente sea una de las definiciones más controvertidas y complicadas. El ser humano ha tendido siempre a perseguir la felicidad como una meta o un fin, como un estado de bienestar ideal y permanente al que llegar, sin embargo, parece ser que la felicidad se compone de pequeños momentos, de detalles vividos en el día a día, y quizá su principal característica sea la futilidad, su capacidad de aparecer y desaparecer de forma constante a lo largo de nuestras vidas.
Otra de las controversias en torno a este tema es dónde buscar la felicidad, si en acontecimientos externos y materiales o en nuestro interior, en nuestras propias disposiciones internas. Aún hoy es difícil responder a esta cuestión.Por esta razón, y desde un punto de vista psicológico, el estudio del bienestar subjetivo parece preferible al abordaje de la felicidad.
La felicidad, concepto con profundos significados , incluye alegría, pero también otras muchas emociones, algunas de las cuales no son necesariamente positivas (compromiso, lucha, reto, incluso dolor).
Es la motivación, la actividad dirigida a algo, el deseo de ello,su búsqueda, y no el logro o la satisfacción de los deseos, lo que produce en las personas sentimientos positivos más profundos.
                           FRASES
No hay deber que descuidemos tanto como el deber de ser felices.
Stevenson, Robert Louis 
La falta de las cosas que el hombre desea es un elemento indispensable de la felicidad.
Russell, Bertrand
   
Buscamos la felicidad, pero sin saber dónde, como los borrachos buscan su casa, sabiendo que tienen una.
Voltaire, François Marie Arouet  
La felicidad no es un ideal de la razón, sino de la imaginación.
Kant, Inmanuel    
Los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias.
Locke, John         

FRASE

Posted by Real Happiness on sábado, agosto 21, 2010
La felicidad es un artículo maravilloso: cuanto más se da, más le queda a uno.


Blaise Pascal (1623-1662) Científico, filósofo y escritor francés.

FRASE

Posted by Real Happiness on sábado, agosto 21, 2010
No hay más que una manera de ser feliz: vivir para los demás.


Leon Tolstoi (1828-1910) Escritor ruso.